martes, 5 de mayo de 2015
Intuición
Piensen por un momento en todos los quehaceres cotidianos que realizan sin apenas prestar atención: caminar, conducir, darse una ducha… Guiados por un piloto automático, nos dejamos llevar, pues sabemos que el resultado de estas acciones suele ser bueno. ¿Alguien se ha preguntado quién demonios toma las riendas de estas acciones tan poco premeditadas?
Quien me lo explicó a la perfección fue Gerd Gigerenzer. Este gran neurocientífico alemán me dejó claro que, aunque no seamos conscientes de ello, el cerebro no deja de inferir la realidad. Se la pasa haciendo conjeturas. Realiza cálculos en todo momento a partir de la información que le entra por los sentidos, y nos ahorra el trabajo de razonar cuanto hacemos. De no ser por ese cerebro inconsciente, deberíamos pensarlo todo y no haríamos nada.
Pero nuestra máquina de pensar entraña algo aún más fascinante: decide por nosotros. Y lo hace bastante bien. Gigerenzer ha constatado que suelen ser más acertadas las decisiones intuitivas que aquellas muy razonadas, cuyos pros y contras hemos balanceado con esmero. «Eduardo –me dijo–, no te engañes, tomamos mejores decisiones si tenemos en cuenta un buen argumento que si contemplamos diez no tan buenos».
Lo que me estaba diciendo es que, a veces, descartar parte de la información es bueno. Según él, las intuiciones son atajos a través de los cuales el cerebro decide más rápida y acertadamente. Es más, la mayoría de las decisiones importantes, como puede ser escoger pareja, las tomamos por esta vía intuitiva.
De no guiarnos por el instinto, para emparejarnos realizaríamos un cálculo de probabilidades más bien propio de la teoría económica, donde sopesaríamos todas las cualidades y perspectivas de futuro de todas las personas susceptibles de enzarzarse en un romance con nosotros. ¿Se imaginan? «Solamente he encontrado a uno que lo hizo así y era economista», me confesó Gigerenzer. «Ahora está divorciado».
¿Quién es?
Psicólogo. 67 años. Dirige el Instituto Max Planck de Desarrollo Humano, en Berlín. Experto en el estudio del riesgo y la toma de decisiones, ha publicado algunos libros de divulgación de entre los que destaca Gut Feelings, del 2007, traducido al español (Decisiones Instintivas) y a 17 idiomas más.
¿De dónde viene?
Bávaro de nacimiento, cuando era estudiante tocaba el banjo para ganar algún dinero. Tuvo que decidir entre la música o el mundo académico. Optó por lo segundo. Tomar esa decisión le enseñó que se puede calcular el riesgo de jugar a la ruleta, pero no de la vida real. Eso marcaría su carrera.
¿Qué ha aportado?
Ha conciliado la psicología humana con la teoría de la probabilidad para analizar con profundidad el riesgo o, en otras palabras, nuestra capacidad de decidir cuando la información es escasa o confusa, y ha constatado el enorme poder del instito ante estas situaciones.
La anécdota
Gigerenzer tocó en el grupo de dixieland –un tipo de jazz– que puso la banda sonora al primer anuncio del Volkswagen Golf. Dice que todo lo que ha conseguido en la vida se lo debe a su madre, que le inculcó «curiosidad, perseverancia y humor».
Educacion Emocional: Educar Buenas y Personas Adaptadas
Autor: Eduard Punset 2 marzo 2009
La irrupción paulatina de la ciencia en la cultura popular está dejando al descubierto las fechorías realizadas en nombre del pensamiento dogmático. Muchos lectores me han pedido que desvele una parcela importantísima de lo que está ocurriendo con la educación de la infancia.
La experimentación científica ha puesto de manifiesto que “a lo largo de la vida resultan esenciales una mayor autoestima, una mejor capacidad para gestionar las emociones perturbadoras, una mayor sensibilidad frente a las emociones de los demás y una mejor habilidad interpersonal; pero los cimientos de todas estas aptitudes se construyen en la infancia”. Son palabras de Daniel Goleman y Linda Lantieri, expertos en lo que ahora denominamos educación social y emocional. Otra manera de decir lo mismo es la llamada de algunos organismos internacionales para invertir recursos y esfuerzos en las técnicas del aprendizaje social y emocional: “Es el mejor atajo para que disminuya la violencia en las sociedades modernas”.
Se puede profundizar en el tema con Inteligencia emocional infantil y juvenil (Aguilar), librode Linda Lantieri. Repasando los ejercicios prácticos sugeridos allí, que ayudan a desarrollar la capacidad de atención y de concentración de niños y adolescentes, se constata el tremendo error cometido por los dos bandos, igualmente dogmáticos, del Gobierno y la oposición, en torno a la asignatura de educación para la ciudadanía.
No todo cabe en un test
Hace años pude conversar
en la Universidad de Harvard
con Howard Gardner.
La verdad es que fuimos
muy pocos los comentaristas
que dimos importancia a su teoría
de las inteligencias múltiples: uno
podía ser muy malo en matemá-
ticas, pero muy bueno en arte, o
viceversa. Los psicólogos estaban
inmersos entonces en un mundo
totalmente distinto, dominado por
la llamada psicología evolutiva o la
economía de la elección racional.
Todo era como más cuadradito, y
tenía su razón de ser.
Howard Gardner nos dijo, por primera
vez, que no éramos iguales
y que, por lo tanto, resultaba muy
sospechoso medir a todo el mundo
por el rasero del llamado cociente
intelectual (CI). Él estaba convencido
de que había un mínimo de siete
inteligencias, aunque podían llegar
incluso a once. ¿Cómo se pretendía
que los psicólogos estadísticos pudieran
evaluar por un único CI de
todas las personas?
Muy pocos le hicieron caso entonces,
ocupados como se hallaban
todos en identificar razones
de tipo evolutivo para explicar los
comportamientos de las personas.
También estaban obsesionados por
el poder de la mente racional, para
saber distinguir el interés propio en
función del que actuaban todos los
licenciados en gestión empresarial.
Me he alegrado de que el jurado del
Premio Príncipe de Asturias se haya
sumado a la visión mucho más
aceptada ahora de que las cosas no
son tan sencillas como parecen. La
gran contribución de Gardner, con
muchos años de antelación, fue no
olvidarse del valor del multilateralismo
en el análisis científico: rara
vez una sola percepción puede describir
un proceso o un objeto. La
inteligencia, que la mayoría quería
medir únicamente mediante una
variable, resulta que es el fruto no
solo de una causa evolutiva, sino
también de factores neuronales,
cognitivos, azarosos, ambientales
y, en términos más generales,
sociales. Fue el primer científico
abierto al conocimiento de los demás;
creía –sin ser consciente de
ello– “que quienes más le habían
enseñado eran los que menos sabían
de lo suyo”.
En esta especie de carrera centrada
en la competitividad, en lugar de
la búsqueda cooperativa, Gardner
nunca olvidó el objetivo más ambicioso
y general que debía perseguir
la educación. En este sentido, su patrocinio
del llamado GoodWork Project,
con el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi
y el profesor de Educación
William Damon, constituye una
muestra de lo que le interesaba en su
juventud, sin dejarle de preocupar
en su madurez: la reforma del sistema
educativo al que ahora dedica sus
esfuerzos y prestigio.
Cuando se haya dicho todo –si todavía
queda algo por decir–, reaparecerá
la verdadera estampa de la
única revolución pendiente. Es inadmisible
que durante los últimos
cien años no hayamos aprendido
casi nada de conceptos básicos como
los de autoestima –imprescindible
para lidiar con el vecino–, trabajo
cooperativo –no solo competiNo
todo cabe en un test
tivo– y focalización de la atención.
Como sugiere Gardner, debemos
apostar con todas las de la ley por
la educación personalizada: además
de ser el corolario de la teoría
de las inteligencias múltiples, ahora
resulta factible porque la revolución
digital ha abaratado los costes de la
enseñanza adecuada a las características
individuales de los alumnos.
¿Por qué no es inútil ensalzar la labor
de investigadores y premiados
como Gardner? Pues, sencillamente,
porque ningún país saldrá perdiendo
si aplica, o intenta difundir,
métodos de análisis de los problemas
sociales extremadamente
complejos y superar así la tradicional
simplicidad e ineficacia de
aquellos que se basan en la división
de la población en dos bandos: derechas
e izquierdas. O de aquellos
que supuestamente sabían lo que
estaba ocurriendo y los que no sabían
nada. e
Nos dijo, por primera vez, que no éramos
iguales y que resultaba muy sospechoso medir
a todo el mundo por su cociente intelectual
De quién
hablamos:
El psicólogo
Howard Gardner
(Scranton,
EE UU, 1943)
es profesor
de la cátedra
de Cognición
y Educación
John H. & Elisabeth
A. Hobbs
en la Universidad
de Harvard.
En su último
libro, Verdad,
belleza y bondad
reformuladas
(Editorial
Paidós), describe
el estado
actual de esas
virtudes y cómo
enseñarlas.
P
Animales sociales y emocionales
PUNSET: “LA INTRODUCCIÓN DEL APRENDIZAJE SOCIAL Y EMOCIONAL EN LA EDUCACIÓN NO PUEDE RETRASARSE NI UN AÑO MÁS”
22/09/2013 SERVIMEDIA
Eduardo Punset ha logrado fusionar la “aventura vital con los últimos descubrimientos de la ciencia” en su última novela ‘El sueño de Alicia’ en la que insiste en que “si nuestra realidad, nuestra conducta y nuestro aprendizaje está marcado por las emociones, darle una explicación científica a las mismas parece algo imprescindible para acercarnos a la verdad del ser humano”.
En este sentido, el autor va más allá y recuerda que “la introducción del aprendizaje social y emocional en el sistema educativo no puede retrasarse ni un año más”, ya que “la gestión de las emociones es un requisito imprescindible en la reforma educativa porque la intuición ocupa más en los circuitos cerebrales que la propia razón”, ha defendido Punset en declaraciones a Servimedia.
Asimismo, el autor arremete contra el sistema sanitario actual y defiende “las políticas de prevención” sobre las “políticas de curación”, que en su opinión estas últimas “están a años luz de lo que deberían ser”, y subraya la importancia de hacer ejercicio físico, cuidar la dieta y saber disfrutar de lo que tenemos. Además, Punset apuesta por la prevención, cuyas políticas considera un “arsenal virgen a explotar” y anuncia que el desarrollo de éstas “reducirían las futuras demandas de prestaciones sanitarias, educativas o de trastornos mentales”.
Precisamente, respecto a la enfermedad mental, la soledad y la exclusión social afirma que su causa radica en el desprecio de uno mismo y en que estas personas “creen que hacen las cosas mal constantemente”. Respecto a este tema, Punset defiende que la sociedad tiene que “dejar de subestimar a las personas que padecen estos problemas”, que hay que saber que “la exclusión social, según la neurociencia, provoca en el cerebro la misma reacción que el dolor físico” y que “hasta ahora no se ha hecho casi nada por ellos, cuando hay un campo enorme para las políticas de innovación, que hagan frente a estas dolencias”. Según los datos aportados por Punset, estos trastornos “afectan al 24% de la población y en España a 2,5 millones de personas” y la mejor solución para ellos, mucho mejor que los fármacos “son los amigos”, asegura.
De hecho, Punset arremete contra las terapias para combatir la depresión, la tristeza, el estrés o la discapacidad mental, ya que, en su opinión “salvo darles estupefacientes y proporcionarles tratamiento con antidepresivos, se hace muy poco por ellos”. Sin embargo, Punset también se muestra esperanzado y siente un “horizonte muy cercano en el que será posible gestionar lo más recóndito del corazón, del cerebro y de los músculos”.
LA INTUICIÓN
Por otra parte, el autor catalán ha reiterado la importancia de la intuición y lo que el inconsciente dice en contraposición del llamado “pensamiento racional y consciente” porque la intuición “es una fuente del conocimiento tan válida como la razón” y “uno de los puntales sobre los que se asienta el nuevo universo cultural”, ha declarado. Relacionado con este tema, Punset aboga por renunciar definitivamente al “dogmatismo” para aceptar el principio de incertidumbre “como práctica cotidiana” y anima a que cuando se intuya algo se compruebe y “si funciona, aplicarlo hasta que alguien venga a demostrar lo contrario”, explica.
‘El sueño de Alicia’ es una obra llena de respuestas, pero “sobre todo de preguntas abiertas” en la que se abre la puerta a “la esperanza y el futuro” mediante la conversación de Alicia y Luis que encarnan una historia en la que ciencia y emoción acaban confluyendo, una historia con dos personajes principales ya predestinados: el conocimiento y la vida.
Mediante las experiencias y las teorías científicas y humanísticas de grandes sabios e investigadores como Oliver Sacks, Daniel Schachter, Richard Gregory, Abraham Marlow o Antonio Damasio, entre muchos otros, Punset consigue desvelar los últimos estudios sobre los universos paralelos, cuáles son los motores que impulsan la memoria, el valor de la experiencia, la sociabilidad del cerebro humano, la plasticidad cerebral o el proceso de aprendizaje, entre otros muchos temas.
Además, Punset ha explicado a Servimedia que “nuevamente, estamos pidiendo a los jóvenes que reconduzcan la manada” y que, justamente, toda la teoría de las redes sociales redunda en esta idea porque “el conocimiento se transforma en innovación y hace al hombre un ser invencible precisamente gracias a ellas”.
Por último, Punset reclama más atención en descubrir “si hay vida antes de la muerte” en lugar de estar tan interesados en saber si hay vida después de ella, ya que, gracias a que la esperanza de vida aumenta en dos años cada ocho, “hay que pensar qué haremos con los mayores, cómo vamos a incorporarles a la sociedad del conocimiento” y ello pasa, afirma el autor, “por la
Suscribirse a:
Entradas (Atom)